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¡A derrochar que paga el sufrido contribuyente! Los Reyes y la Infanta vuelan en un Airbus, Sánchez en otro y la Princesa en un Falcon

¡A derrochar que paga el sufrido contribuyente! Los Reyes y la Infanta vuelan en un Airbus, Sánchez en otro y la Princesa en un Falcon

La gran final del Mundial de Fútbol desató una escena poco común en la pista de Torrejón: cuatro aviones oficiales despegaron este sábado 18 de julio de 2026 hacia Nueva York. Y lo hicieron con miembros de la Familia Real, Pedro Sánchez y otros miembros del Gobierno a bordo. En esta ocasión, los Reyes y la infanta Sofía viajaron en [...] The post ¡A derrochar que paga el sufrido contribuyente! Los Reyes y la Infanta vuelan en un Airbus, Sánchez en otro y la Princesa en un Falcon appeared first on Periodista Digital .

La gran final del Mundial de Fútbol desató una escena poco común en la pista de Torrejón: cuatro aviones oficiales despegaron este sábado 18 de julio de 2026 hacia Nueva York. Y lo hicieron con miembros de la Familia Real, Pedro Sánchez y otros miembros del Gobierno a bordo. En esta ocasión, los Reyes y la infanta Sofía viajaron en un Airbus, Sánchez en otro y la princesa Leonor en un Falcon, que tuvo que hacer una escala en Azores. Este panorama vuelve a poner en el centro de atención el uso de aviones oficiales y el coste político de estos traslados. La coincidencia de varios vuelos en un solo fin de semana no ha pasado desapercibida para nadie. A la cita deportiva se añade el debate acerca de los escándalos y controversias que rodean los vuelos de Falcon y Airbus, un asunto que ha sido epicentro de numerosos reproches entre el Gobierno y la oposición, reavivando la discusión sobre el gasto público y la necesidad de transparencia. Un despliegue de aviones oficiales para la final De acuerdo con la información de El Debate, desde la base aérea de Torrejón de Ardoz despegaron dos Airbus A-310 y dos Falcon. En uno de los Airbus viajaban los Reyes junto a la infanta Sofía; en el otro, Pedro Sánchez; mientras que la princesa de Asturias voló en solitario en un Falcon, que detuvo su trayecto en Azores antes de continuar hacia Nueva York. La publicación aclara que los despegues se realizaron de forma escalonada a lo largo de la tarde. La estampa capta de manera efectiva la logística de un evento internacional de alto perfil, pero también revive una cuestión delicada: quién viaja, en qué aeronave y con qué justificación. La discusión política ha girado durante un tiempo en torno a la ausencia de un desglose público sobre estos trayectos, algo que la oposición ha utilizado para acusar al Ejecutivo de falta de transparencia en el uso de recursos públicos. La polémica por el uso del Falcon El debate sobre los aviones estatales no es un tema nuevo. El PP en el Senado ha intensificado sus críticas al preguntar al Gobierno sobre los vuelos en Falcon que se han dado a conocer a través de la prensa, en una ofensiva centrada en los desplazamientos de la familia del presidente y en la supuesta utilización privada de aviones oficiales. El partido afirmó que Moncloa había admitido viajes realizados por Begoña Gómez en Falcon y Airbus con fines privados, tanto a nivel nacional como internacional. A esta controversia se suma otra línea de crítica, relacionada con el coste total de estas aeronaves. Diversos medios han señalado que el Gobierno ha autorizado contratos millonarios para el mantenimiento de los Falcon y otros aviones oficiales, mientras que la oposición denuncia la falta de información detallada sobre cada vuelo. En este contexto, la jornada de Nueva York se presenta como una chispa para un fuego que ya arde. También ha cobrado fuerza la idea de que estas aeronaves se utilizan con un control público bastante escaso. Según informes de medios digitales, Moncloa ha admitido que no realiza un registro detallado sobre destinos, acompañantes y número de trayectos en ciertos casos, lo que ha intensificado las críticas por la falta de trazabilidad. Una tradición de aviones separados en la Casa Real El reparto de pasajeros de este sábado coincide con una práctica habitual en la Casa Real: volar por separado. Varias informaciones han indicado en meses recientes que Felipe VI y la princesa Leonor no comparten avión en sus desplazamientos oficiales, una costumbre no escrita que ayuda a mantener la continuidad de la Corona. Esa misma lógica explica que los Reyes y sus hijas utilicen aeronaves diferentes, incluso cuando se dirigen al mismo destino. En este caso, la mezcla de Airbus y Falcon no solo responde a la agenda institucional, sino también a protocolos de seguridad y a la organización de la comitiva. El resultado, sin embargo, es una imagen complicada de presentar en un momento en que el Gobierno presume de ahorro y la oposición habla de gastos desmesurados. Lo que dice el contexto del Mundial La final se produce con España en el centro de atención internacional y una agenda institucional que entrelaza deporte, diplomacia y visibilidad global. La Casa Real ha expresado en otras ocasiones su deseo de acompañar a la selección en eventos de gran importancia simbólica, y medios deportivos habían anticipado que Felipe VI tendría su presencia asegurada en la final siempre y cuando el equipo español llegara a ese último partido. La presencia de Sánchez y de la Familia Real en el mismo lugar también contribuye a proyectar una imagen de unidad institucional que, a su vez, permite otra lectura menos favorable: cuatro vuelos oficiales con destino común en medio de la controversia sobre el uso de medios públicos. En un país donde la discusión sobre la austeridad resurge en ocasiones como esta, la imagen de Nueva York seguramente seguirá generando conversación. El Falcon que transportó a la princesa Leonor realizó una escala en Azores antes de proseguir hacia Nueva York, una parada técnica acorde a la autonomía de estos aviones en vuelos transatlánticos. Los Airbus A-310 son parte de la flota oficial utilizada para desplazamientos de alta capacidad, mientras que los Falcon suelen cubrir trayectos más rápidos y flexibles. Y, como ha ocurrido en situaciones similares, el coste de este tipo de vuelos ha alimentado el debate público sobre si el uso institucional justifica el impacto económico y político que genera. A la par de la controversia política, esta escena deja una particularidad muy característica de la Casa Real: cuando se cruzan el protocolo, la seguridad y la agenda internacional, incluso un partido de fútbol desencadena una pequeña operación aérea.

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