Coahuila, un oasis (en el desierto guinda)

En el que se ha convertido México con la cuarta transformación
Contexto “De la seguridad me encargo yo” Rubén Moreira Valdés - Exgobernador de Coahuila. En el debate político contemporáneo, abrumado por la polarización, la narrativa estridente y los otros datos, suele perderse de vista el fin último del Estado: el bienestar tangible de las personas. La reciente publicación de la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) del INEGI no solo ofrece una radiografía estadística confiable, sino que sitúa un dato contundente sobre la mesa de la discusión pública nacional: Coahuila es evaluado por sus propios ciudadanos como el estado con mayor satisfacción y percepción de calidad de vida en el país, encabezando el ranking nacional con una calificación de 8.85 puntos sobre 10. Este indicador no es casual ni fortuito. Responde a una lógica institucional y a un modelo de gestión pública que merece ser analizado con rigor y objetividad democrática. Mientras diversas regiones del país experimentan el impacto de decisiones improvisadas, la erosión del tejido social debido a la debilidad de las instituciones locales y el contubernio con el crimen organizado, Coahuila ha sostenido una política pública basada en dos pilares fundamentales: seguridad pública irrestricta y certidumbre jurídica. La continuidad institucional bajo las administraciones del PRI en la Entidad ha permitido articular un blindaje coordinado entre las fuerzas de seguridad, el sector productivo y la ciudadanía, garantizando que el derecho a la paz social -prerrequisito de cualquier otro derecho fundamental- sea una realidad cotidiana. Ojo, no lo digo yo, lo dicen los coahuilenses y el INEGI. La evaluación ciudadana recogida por el INEGI en rubros clave como la libertad de decisión, la estabilidad en el empleo y el bienestar del entorno familiar refleja que la efectividad de un gobierno no se mide por sus discursos y baños de pureza, sino por su capacidad de otorgar certezas. Coahuila demuestra que la permanencia de un modelo de partido, cuando se ejerce con madurez institucional, disciplina fiscal y visión prospectiva, se traduce en estabilidad social y desarrollo económico. Los datos del INEGI son claros: Coahuila demuestra que el PRI sabe gobernar. El reto hacia el futuro del Gobernador Manolo Jiménez y en general del priismo coahuilense no es menor. Conservar el liderazgo en satisfacción ciudadana exige no caer en la autocomplacencia y mantener la exigencia técnica en la función pública. Sin embargo, en el espejo de Coahuila, el país tiene hoy un testimonio ineludible de que las instituciones fuertes, la continuidad de las buenas políticas, el respeto al Estado de Derecho y la lucha frontal contra el crimen organizado son el único camino real para garantizar el bienestar integral de la sociedad. Sin duda, Coahuila es un oasis en el desierto guinda en el que se ha convertido México con la cuarta transformación
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