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Cuidar el territorio también significa cuidar el tiempo

Cuidar el territorio también significa cuidar el tiempo

Existe una frase que debería acompañar toda política pública relacionada con el espacio público: el día que inauguramos una obra también comienza el primer día de su deterioro. Esa realidad no debe entenderse como una derrota, sino como un recordatorio de que gobernar no consiste únicamente en construir, sino en conservar, monitorear y mejorar permanentemente aquello que pertenece a todas y todos. Durante décadas, las ciudades privilegiaron la inauguración sobre el mantenimiento. Sin embargo, los desafíos ambientales del siglo XXI nos obligan a cambiar esa lógica. Hoy contamos con herramientas tecnológicas capaces de transformar la manera en que protegemos nuestros parques, barrancas, áreas verdes y espacios públicos, permitiendo tomar decisiones sustentadas en evidencia y no únicamente en la percepción. En este contexto cobra especial relevancia el desarrollo de un Centro de Inteligencia Territorial, capaz de integrar información ambiental, urbana y social para comprender cómo evoluciona el territorio y anticipar riesgos antes de que se conviertan en problemas mayores. La inteligencia territorial no es únicamente el uso de tecnología; representa una nueva forma de gobernanza basada en datos, conocimiento científico y planeación de largo plazo. Instituciones como el Centro de Investigación en Ciencias de Información Geoespacial (CentroGeo) han señalado que las ciencias de información geoespacial permiten generar conocimiento para atender problemáticas prioritarias del país mediante el análisis del territorio y sus dinámicas. En la misma dirección, los Sistemas de Información Geográfica constituyen una de las herramientas más valiosas para las ciudades modernas. Plataformas como SIGIC, desarrollada por CentroGeo, permiten integrar capas de información territorial, visualizar mapas, incorporar datos propios, realizar análisis apoyados por inteligencia artificial y facilitar la toma de decisiones con base en evidencia científica. Esta capacidad resulta indispensable para identificar áreas con pérdida de cobertura vegetal, monitorear cuerpos de agua, evaluar infraestructura verde y dar seguimiento puntual a la conservación de los espacios públicos. México cuenta además con una sólida infraestructura de información geográfica impulsada por el INEGI, responsable de generar y difundir información sobre relieve, vegetación, clima, recursos naturales, hidrología y cartografía nacional. Estos insumos constituyen la base técnica para planear ciudades más resilientes frente al cambio climático y para fortalecer políticas públicas con perspectiva territorial. Pero la tecnología, por sí sola, no garantiza ciudades sostenibles. Es indispensable acompañarla con estándares internacionales de calidad en la gestión de los espacios verdes. Uno de los referentes más importantes es el Green Flag Award, reconocimiento internacional que promueve parques y espacios públicos seguros, bien administrados, ambientalmente sustentables y con una fuerte participación comunitaria. Sus criterios impulsan una administración permanente, donde el mantenimiento, la biodiversidad, la inclusión y la participación ciudadana tienen el mismo valor que la construcción de nueva infraestructura. La verdadera innovación urbana ocurre cuando estos elementos trabajan de manera conjunta: inteligencia territorial para conocer el estado del territorio, sistemas geográficos para monitorearlo en tiempo real y estándares internacionales para garantizar que cada espacio público conserve su calidad con el paso de los años.

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