Derrota cultural mileísta

El Mundial dejó varias lecturas, tanto futbolísticas como políticas. Resulta inevitable que el evento más multitudinario del planeta, cuyos principales protagonistas representan a naciones, sea caja de resonancia de la realidad geopolítica y la Historia. Aunque se lo pretenda negar, más allá de que la Copa del Mundo se ha ido transformando en un negocio inconmensurable, genera unión entre las naciones y sus pueblos, que va más allá de la personalidad de un presidente y la política exterior del país organizador. El Mundial desnudó la impunidad megalómana y despótica de D. Trump, el humillante destrato a la Selección Iraní, las denuncias del genocidio en Palestina, con banderas en calles y estadios, la reivindicación al asesinado líder anticolonialista africano Patrice Lumumba y la bandera de Malvinas desplegada por la Scaloneta, eludiendo en una patriótica gambeta tanto la prohibición de la FIFA como el dócil acatamiento a dicha medida del gobierno ¿nacional?
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