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En el país que él nos dejó

En el país que él nos dejó

Andrés Caro escribe sobre el legado del mandatario de izquierda. The post En el país que él nos dejó appeared first on La Silla Vacía .

Es muy pronto para saber lo que fue el petrismo, o qué tan profundas o superficiales fueron las heridas que nos dejó. Nos dejó, eso sí, la lección de que el populismo (a la colombiana, sí, pero populismo, al fin y al y al cabo) sí funciona para ganar elecciones y para que un demagogo consolide su poder. Nos sirvió, también, para darnos cuenta de que en Colombia eso también podía pasar (tuvimos que confirmar una cosa tan obvia), y que al país de la “ penúltima moda ” también llegó el populismo. Y nos sirvió para constatar que, a ese populismo de izquierda, chambón y corrupto y mentiroso, lo va a seguir otro, quizás parecido, pero de derecha. Y también será útil para predecir el futuro. Petro profeta y avisador de Abelardo. Abelardo de Corcho. Corcho de Lucio. Y así sucesivamente. Y Colombia, aletargada, confiando en charlatanes de parecida índole, sin resolver ninguno de sus problemas, salvo, cada cuatro años, el de un nuevo “déficit de representación” inventado. Ojalá me equivoque. Nos deja, y eso sí lo podemos constatar desde ahora, más desprotegidos. Desprotegidos frente a la enfermedad , con un sistema de salud “ severamente destruido ” por el gobierno. Desprotegidos frente a la quiebra , con una mala deuda , usada para poco más que la corrupción y la contratación con amigos y con amiguitos , que ya alcanzó el 61% del PIB . Desprotegidos frente a un probable apagón , también, y desprotegidos frente a tantos grupos criminales que se han enriquecido y que han crecido , alcahueteados por el gobierno , mientras asesinan , secuestran y extorsionan . También nos deja más rotos. Unos dirán que esa ruptura ya existía. Que el petrismo no hizo sino expresar esas “contradicciones” y darles voz a los que tenían la peor parte de una partición hace mucho tiempo hecha (¿doscientos años? ¿quinientos? ¿o mil y pico?). Pero creo que esto no es cierto. Obviamente, Petro encontró un país con muchos pobres y, obviamente, algo les dijo que caló sobre las injusticias que sufren. Pero esto lo hacen todos los políticos que ganan elecciones. (En un país con tantas injusticias, ni a Iván Duque ni a Juan Manuel Santos les bastan los votos de los vecinos del Liceo Francés). Y Petro fue exitoso en romper, por estos años y quién sabe por cuántos más, un consenso político que había sobrevivido a una sociedad que estaba, ya, mal juntada entre sí por esas injusticias y esas diferencias, pero que encontraba en unas formas políticas y en unas instituciones una especie de lugar común. Y lo hizo, como Bolsonaro y como Trump , tan parecidos a él, con sus mentiras insurreccionales sobre las elecciones , usando la retórica más previsible, los engaños más repetidos, las estrategias de persecución y de propaganda más intentadas y probadas con tanto éxito en tantas partes y que, sin embargo, nos cogieron aquí tan desprevenidos y tan con los pantalones abajo. Y, aunque salimos a la calle y no vemos las grandes obras, las carreteras , o las cien universidades o los trenes que nos prometieron , aunque no vemos los canales interoceánicos ni los puestos públicos ocupados por los profesionales mejor preparados , Petro sí consiguió dejarnos, a medio hacer, la más faraónica de sus obras. No es un gran parque ni un museo (porque ni eso hizo, y se conformó con un cuartico que llenó de recuerdos revolucionarios ), ni un monumento inservible a su desmesura. El gran legado, que es más terrible, aunque aparentemente invisible como lo son sus obras imaginarias , es que para tantas personas la fuente final de la verdad no sea ya la prensa libre, ni las instituciones independientes, ni las universidades con sus profesores, ni el rumor, ni siquiera, de los vecinos o de la familia, sino el presidente mismo y lo que él tenga a bien inventarse y propagar. (Alguien me dirá que la gente en lo que cree es en el proyecto, y no en las mentiras del presidente, pero, como se vio en las últimas semanas, el proyecto y la persona y las mentiras de la persona parecen inseparables ). Lo que es más sorprendente (la sorpresa más pasmosa) no es que un político no haya cumplido con sus promesas (yo volvería a votar por Santos, que sin sonrojarse por lo mentiroso o por lo cursi dijo en Oslo que “ el sol de la paz brilla, por fin, en el cielo de Colombia ”), o que Petro haya resultado charlatán o mentiroso, sino que, a pesar de eso, a pesar de ser tan mentiroso e incumplido como los otros (y peor, y mucho peor, pues sus promesas fueron mayores, sus ejecutorias más pequeñas y su corrupción más grande ), su prestigio se haya mantenido casi igual y su autoridad haya crecido entre sus seguidores. Siempre pensé que el problema era que él fuera un charlatán, que despreciara la verdad y el derecho y los modales. Pero nos vinimos a dar cuenta demasiado tarde de que estaba imponiéndonos (síntoma y causa, al mismo tiempo) un estilo charlatán en nuestra política, más permanente que su propio mandato y replicable, con variaciones, claro, por la nueva derecha, tan milagrera y previsible, que ahora va a gobernarnos. En ese sentido, la idea, la respuesta de que a las mentiras de Petro debimos siempre haber respondido con desaire, como ignorándolas, haciendo de cuenta que eran las palabras de un loco o de un mentiroso, no fue nunca suficiente. No porque esto –que es mentiroso y que probablemente está y estuvo siempre un poco loco– sino porque millones de personas no van a oírlas así, tenazmente persuadidas como están por el presidente de ignorar la Constitución, la democracia y los hechos y las verdades concretas que constituyen la realidad. Obviamente, nuestras presunciones sobre la razonabilidad de la política ya hace mucho tenían que haberse frustrado. El descubrimiento de la propia ignorancia será siempre un aprendizaje y un despertar. Yo, por lo menos, tenía la esperanza de que por estos días estaríamos despertando de la fantasía petrista, o de la versión que Petro trajo a Colombia de la forma contemporánea que la política ha tomado en todo el mundo: victimista, paranoica, mediocre y, sobre todo, mentirosa. Por meses pensé que mi última columna durante el gobierno de Petro iba a llamarse “4 años a bordo de mí mismo”, haciendo un homenaje ramplón al libro de Zalamea Borda y a la locura, que me parecía tan solitaria, del presidente Petro. Pero todos estuvimos en esa locura. Y seguimos estando ahí, en el país que él nos dejó. The post En el país que él nos dejó appeared first on La Silla Vacía .

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