Las bolsas tiemblan por una burbuja en los chips y sobrecostes en la carrera de la IA

La venta masiva de acciones tecnológicas se extiende de Asia a Wall Street ante las dudas sobre si las inversiones récord en semiconductores podrán traducirse en beneficios
La teoría del caos suele resumirse en una frase célebre: «El aleteo de una mariposa en Brasil puede provocar un tornado en Texas». La imagen ... del efecto mariposa sirve también para describir el pánico vivido en las bolsas mundiales durante los últimos días: un temblor en Taiwán ha sacudido Wall Street. Esta vez, sin embargo, no lo ha causado el aleteo de una mariposa, sino la caída de las acciones de TSMC, el mayor fabricante de semiconductores del mundo, y el temor creciente a que se haya formado una burbuja en torno a la inteligencia artificial y al sector de los chips.La desbandada se ha extendido con rapidez por los principales mercados. Los futuros del Nasdaq 100 llegaron a caer más de un 2%, los del S&P 500 perdieron alrededor de un 1% y los fondos especializados en semiconductores registraron descensos superiores al 4%. El castigo fue todavía más intenso en Asia: la Bolsa de Taiwán entró en corrección, el Nikkei japonés retrocedió cerca de un 4% y compañías como SoftBank, Tokyo Electron, Advantest o Kioxia sufrieron fuertes pérdidas. En Europa, empresas vinculadas a la fabricación de chips como ASM International y Aixtron también se sumaron a las ventas.La paradoja es que la caída no responde, al menos por ahora, a un hundimiento del negocio. TSMC aumentó sus beneficios un 77%, superó las previsiones y elevó su plan anual de inversión hasta una horquilla de entre 60.000 y 64.000 millones de dólares. Ni siquiera esos resultados evitaron el castigo bursátil. El mercado ha disparado su nivel de exigencia y ya no se conforma con beneficios récord o previsiones optimistas: quiere pruebas de que los cientos de miles de millones destinados a chips, centros de datos y modelos de inteligencia artificial acabarán generando rentabilidades suficientes. En pleno inicio de la temporada de resultados, la complacencia de los últimos meses ha dado paso a una sensibilidad extrema ante cualquier señal de gasto excesivo, menor crecimiento o deterioro de los márgenes.El movimiento tiene también mucho de recogida de beneficios después de una escalada que había llevado a numerosas compañías del sector a acumular subidas de tres y hasta cuatro dígitos. A esa concentración de las apuestas se añaden ahora el aumento de los costes de financiación, la subida del petróleo y el temor a que los tipos de interés permanezcan elevados durante más tiempo. El desplome no implica necesariamente el final del auge de la inteligencia artificial, pero sí marca un cambio de clima: la euforia ha dado paso al examen de las cuentas y los inversores ya no están dispuestos a financiar el futuro a cualquier precio.
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