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Muchos corazones para Venezuela

Muchos corazones para Venezuela

La red de solidaridad que comienza con personas comunes que deciden ayudar

Escenario de Vida Muchos corazones para Venezuela La red de solidaridad que comienza con personas comunes que deciden ayudar Vida Amor de Paz 25 de julio de 2026 | 00:03h Añadir en Google Unirse al canal Añadir en Google Unirse al canal Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en LinkedIn Compartir en Whatsapp Copiar enlace Guardar artículo Hay historias que nos rompen el corazón, pero nos recuerdan que la esperanza nunca desaparece y precisamente vienen de Venezuela. Me las relató Luis Velázquez, durante una entrevista en mi Podcast Los Secretos Mejor Guardados & The Best Kept Secret s. Luis es un guatemalteco que se encuentra apoyando a los damnificados del reciente terremoto, a través de la organización que preside como director en Global Empowerment Mission for Latin America (GEM), Misión Global de Empoderamiento para Latinoamérica. Escuchar su experiencia fue comprender que detrás de cada caja de alimentos, cada botella de agua y cada suministro médico existe una enorme red de solidaridad que comienza con personas comunes que deciden ayudar. Desde EE. UU., GEM coordina el envío de alimentos, productos de primera necesidad y ayuda humanitaria hacia las zonas afectadas en diferentes partes del mundo, y ahora fue para Venezuela. Luis me contó la historia de un hombre que perdió en cuestión de segundos a su esposa y a su madre. Entre los escombros, todo parecía perdido. Sin embargo, días después ocurrió lo impensable: los rescatistas lograron encontrar con vida a su pequeño bebé de apenas unos meses de nacido. Cubierto de polvo, pero milagrosamente ileso, el niño se convirtió en uno de esos milagros que devuelven la fe en la vida. Pero también hubo miles de historias que no tuvieron el mismo desenlace. Según me explicó, la cifra de víctimas continúa aumentando en miles de personas que permanecen desaparecidas, mientras las labores de búsqueda y ayuda humanitaria siguen desarrollándose. Conversar con Luis fue descubrir el rostro humano de la cooperación internacional. Apenas ocurrió la tragedia, dejó atrás sus negocios, su vida personal y su rutina para volar hacia Venezuela y coordinar la ayuda de emergencia. Alguien podría decir que simplemente cumplía con las responsabilidades de su cargo. Yo no lo vi así. Lo que encontré fue a un hombre profundamente sensible a la tragedia y comprometido con aliviar el sufrimiento ajeno. Un día tuvo la grata sorpresa de recibir a voluntarios de la Naviera norteamericana y entre ellos había marineros guatemaltecos. Miles de familias continúan sin hogar, sin servicios básicos y sin la certeza de cuándo podrán reconstruir sus vidas. Luis me explicó que la verdadera emergencia comienza cuando desaparecen las cámaras de televisión. Mientras el mundo vuelve lentamente a su rutina, miles de familias continúan sin hogar, sin servicios básicos y sin la certeza de cuándo podrán reconstruir sus vidas. Por ello, la organización no solo responde durante la emergencia inmediata, sino que ahora prepara una nueva etapa enfocada en la reconstrucción de la ciudad más afectada, La Guaira. Para ello, Luis se quedará en Venezuela cinco años, para contribuir a reconstruir una comunidad devastada que perdió más de 19 mil millones de dólares. Todos podemos formar parte de esta cadena de solidaridad. Algunos lo harán con donaciones; otros, ofreciendo su tiempo, compartiendo información o apoyando a organizaciones serias que trabajan directamente sobre el terreno. Ningún gesto es insignificante cuando una familia ha perdido a seres queridos y bienes materiales. Esta entrevista me recordó que la cooperación internacional no es únicamente un concepto diplomático. Tiene rostro, tiene nombre y tiene personas dispuestas a sacrificar su propia comodidad para servir a quienes más lo necesitan, tal y como me lo demuestran Luis Velázquez y miles de voluntarios anónimos. Y quizá esa sea la mayor enseñanza que deja hoy Venezuela: que incluso cuando la tierra se mueve bajo nuestros pies y parece arrebatarnos toda esperanza, la humanidad siempre brilla con mayor fuerza en nuestros momentos más oscuros.

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