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Virginia Woolf, escritora: "Los ojos de los demás son nuestras prisiones. Sus pensamientos, nuestras jaulas"

Virginia Woolf, escritora: "Los ojos de los demás son nuestras prisiones. Sus pensamientos, nuestras jaulas"
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Virginia Woolf, sobre la cárcel de la mirada ajena: por qué seguimos viviendo bajo el juicio de los demás. Leer

Si hay una tensión humana profunda e inherente a todos, es la dificultad de ser uno mismo cuando vivimos pendientes de cómo nos ven los demás. Sobre esto reflexionó la escritora Virginia Woolf, que más de 100 años después, sigue estando más que vigente dadas las circunstancias de hoy. Como una de las grandes figuras femeninas más importantes de la literatura moderna y una de las escritoras que mejor exploró la complejidad de la conciencia humana, Woolf revolucionó la narrativa con novelas como La señora Dalloway, Al faro o Las olas. Su obra literaria estuvo muy marcada por la libertad en el ser humano y, como mujer en la Inglaterra de principios del siglo XX, conoció bien cuál era el peso de las expectativas sociales, las convenciones y los papeles impuestos.En Una habitación propia, por ejemplo, defendía que la libertad intelectual solo puede existir cuando existe también independencia personal. Y aunque abordaba en particular la condición femenina, esta cuestión aplicaba (y aplica) en cualquiera que intente encontrar su propia voz entre el ruido de las opiniones ajenas."Los ojos de los demás son nuestras prisiones. Sus pensamientos, nuestras jaulas"Probablemente Woolf no se refería con ello a que los demás nos encarcelen de manera consciente con sus opiniones. Esa prisión es totalmente psicológica y propia. Y surge cuando permitimos que la imagen que creemos proyectar determine nuestras decisiones. Cuando elegimos qué decir o hacer en función de la reacción de quienes nos rodean y sus pensamientos. Cuando dejamos de vivir desde dentro para empezar a vivir desde fuera.Lo llaman efecto foco y hace referencia a cómo solemos creer que nuestras acciones, errores o imperfecciones ocupan más espacio en la mente de los demás del que realmente tienen. Pensamos que todo el mundo nos está mirando cuando, en realidad, la mayoría de las personas están demasiado ocupadas pensando en sí mismas. Y, sin embargo, esa sensación de estar siendo observados condiciona de forma inmensa nuestra vida.La jaula de la que hablaba Woolf no tiene barrotes visibles, pero limita nuestras decisiones con la misma eficacia. Hoy, en pleno siglo XXI, vivimos más expuestos a la mirada ajena que nunca. ¿Las culpables? En efecto: las dichosas redes sociales. Publicamos, esperamos reacciones y medimos nuestra aceptación en cifras y, sin darnos cuenta, construimos nuestra identidad pensando en cómo hacer para que sea aprobada.Esta presión por la imagen, por la comparación constante, produce un agotamiento inevitable. Porque sostener una versión idealizada de nosotros mismos, cansa. De ahí que sea más que necesaria una reflexión sobre esto. Y sí, puede que incómoda, porque evidentemente, nunca podremos controlar lo que los demás piensen de nosotros, pero sí podemos empezar por dejar de intentarlo. Justo ahí será cuando esa prisión de la que la escritora hablaba, caiga por sí misma.¿Y si empezamos hoy?

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